domingo, 11 de marzo de 2007

"Criaturas que pululan,...corre la voz" de José Azul

"El cazador volvió del safari metálico
y colocó sus trofeos sobre el mueble bar.
El taxidermista de animales raros
simplemente hizo lo suyo". Sergio Algora
Os animó a conocer la obra de José Azul y os muestro alguno de sus bichitos. Esculturas de José Azul Exposición: Centro Cultural Mariano Mesonada, Plaza España 2, Utebo Horario:Martes a viernes de 10 a 14 horas y de 16 a 21h. Sábados de 16 a 21h. Domingos de 10 a 14 horas.Fecha:Del 22 de Febrero al 18 de Marzo de 2007. Entrada libre. De él dicen
Walter Espada (Redaragón) Cercano como otros muchos artistas, Jose Azul reinventa la cotidianeidad de lo más cercano a través del metal que a otros nos resulta inservible. Aragonés de nacimiento este joven artista comienza su relación con el trabajo en hierro en talleres donde se trabaja la forja y con ella la imaginación de los encargos más elaborados. Paralelo a esta forma de ganarse la vida y como persona inquieta que es, ve como muchos de los materiales que aparentemente están en desuso, ocupando espacios y sobre todo llevados al olvido, pueden formar parte de sus composiciones hasta ahora sólo expuestas en su mundo interior.
Insectos, composiciones sugerentes, y animales de lo mas variado analizados pormenorizadamente en su mente cobran vida a través de la compleja combinación de elementos metálicos que uno por uno quizá no dejasen de ser un recuerdo de lo que fueron, pero que gracias a un minucioso trabajo de fragua, repiqueteo de martillo y uniones múltiples consiguen impactar en el visitante transportándolo a un mundo onírico llenos de sensaciones hasta ahora difíciles de percibir.
Picos martillos, serruchos vertederas, rodamientos y demás objetos en absoluto estado de olvido es su materia prima con la que elaborar sus creaciones y dotarlas de una vitalidad y un valor increíble.
La visita de la muestra de Jose Azul en el Centro Mesonada no pasa desapercibida ya que sus múltiples composiciones nos transportaran a un mundo fantástico.
Roberto Miranda (El Periódico de Aragón) José Azul cogía de niño las grandes tijeras de albardero de su padre y las blandía por el aire como si fuera un pájaro de fauces amenazadoras. Desde muy pronto se dio cuenta en su pueblo que montones de herramientas del campo estaban basadas en diseños del mundo animal. Y en la vieja caseta familiar jugaba a combinarlas: La hoz y el serrucho eran dos maxilares. Ya de mayor, José Azul sigue siendo capaz de ver en una picoleta o en un cortafríos la cabeza de un pájaro, a la que basta añadir como cuerpo un canto rodado del barranco de Burbáguena, o una de aquellas piedras de hierro que se usaban para calentar las camas.
José Azul no suele contradecir la forma inicial de los aperos, cree que la eficacia de una herramienta pasa virtualmente intacta a su nueva utilidad como elemento plástico. Le basta con probar composiciones hasta que la mezcla funcione. Incluso juega con las sombras. Él, que se las ve con la dureza y la resistencia de los materiales sueña con una exposición de sombras, utilizando una simple escultura de plantilla.
Trabaja en la fragua que una empresa ha instalado en la trasera de la Casa La Una de Poleñino, la que fue hospital miliciano en la guerra. De una pieza del yugo sale un pato minimalista, o de un cortafríos y una varilla forjada sale un gorrión en vuelo, o un treintapies ante el que los niños cuentan, uno a uno, los apéndices. José Azul tiene la ilusión de encontrar en algún sitio una fragua antigua semiabandonada, de esas que antes tenían todos los pueblos para ponerla en marcha y fabricar un gallojabalí o un gansoganso o un pez con ventana inscrito en un disco de grada de esos que arrastra el tractor para oxigenar la tierra. Un día regresó a la vieja caseta familiar del campo, cerrada durante años y se encontró un tesoro de chatarra con la que seguir jugando. De ahí han salido las criaturas que pululan en la galería Artix, en lo que es su primera exposición individual.