domingo, 2 de septiembre de 2007

Agenda escolar

Empezaban en septiembre, y se despedían en mayo. Tenían alegres dibujitos y olían a nuevo que para que. Daba gusto poner el nombre en la tapa, el curso y la letra de la clase que tocaba... Además no había que forrarla, es más, debía pasar lo más inadvertida posible.
Nunca les encontré utilidad entonces para llevar la contabilidad del saber infantil pero a cambio, las chicas las convertíamos en una suerte de "querido diario..." en el que desbordar todas nuestras penurias y alegrías, más bien extraescolares...
Taitantos años después, he sustituido la agenda de Mafalda (era mi favorita) por esta bitácora en la que volcar los sentimientos ha de hacerse con tacto, no vaya a ser que caiga en ojos de quién no sabe entender los desvaríos de personitas como Hache o los utilice en su contra.
Como pasaba entonces, nunca consigo que el diario responda y solucione mis problemas o aporte alternativas. Pero no es esa su función. En este mes de septiembre, que siempre huele a demasiadas obligaciones, ahí va mi oda a las agendas escolares, las únicas que me ayudaron a vivir el presente y no olvidar los días pasados. Como entonces, el futuro solo eran innumerables hojas en blanco listas para ser escritas y como ahora, puedo elegir dejar un día en blanco... ¿no?

2 comentarios:

ECOCHARLI dijo...

Así es... Cada año a finales de agosto pasaba por la misma librería para comprar ¡¡MI AGENDA ESCOLAR!! Esa que me servía de diario personal. .. Hace unos años decidí colgarlo en Internet, en el Google Calendar. Toda mi vida ¡¡en un página!!
Señores de Google: inventen un dispositivo para que de su página emane olor a agenda nueva durante todo el año...

Hache dijo...

olor a agenda nueva...¡qué buena idea!! ¿la inventamos? igual nos forramos... ay!

PD ¿te ha cabido toda tu vida en una página? E