sábado, 25 de octubre de 2008

Parecería domingo...

La casa está desierta pero fuera hace sol. Bajo las escaleras para confirmar que estoy sola y salgo al jardín. Todo para mí. No se oyen pajaritos. Eso ha empezado a ser una leyenda rural. En cambio, las máquinas de la construcción no dejan de runrunear por todos lados. El vecino (el del taladro inoportuno no, el otro) ha decidido cambiar todas las puertas y ventanas y tras arrancarlas las lanza a la calle desde el segundo piso. La resaca sin embargo no se molesta con estos vaivenes vecinales. De hecho, se ha transformado en un hambre atroz. Mientras preparo el café como galletas y almendras saladas y bebo zumo. Hay placeres que no pueden ni describirse. Pero el silencio está para llenarlo y necesito oír música. Sin lavarme la cara ya he conectado el ordenador en la planta baja y he decidido darle una oportunidad a los Gallagher y que bailen con Facto de la Fé... De repente el garaje se abre. Ya no estoy sola... tengo tres segundos para recoger todo mi desaguisado en la cocina. shhhhh guardadme el secreto.

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