martes, 2 de diciembre de 2008

El Rey Dasmi

Era un monarca archiconocido. Quién le vio dijo que vivía dentro de una urna de cristal, condenado a no tener contacto con personas ni objetos. Sea que desde que decidió sumergirse en su campana acristalada, las cosas por su reino comenzaron a mejorar o, al menos, no fueron a peor. Sin embargo, fue difícil convencerle de que tenía que habitar una pecera humana. Hubo que obligarle, he de confesar. ¿Por qué? Porque todo cuanto sus manos acariciaban quedaba convertido en hez. Montañas y montañas de heces se acumularon en el Salón del Trono, sus aposentos reales y en la piel de su séquito más cercano. La princesa a la que cortejaba, tras verse cubierta de un real capa de pestilente estiércol, se sintió tan ofendida (máxime porque en esa época las damas solo se bañaban una vez al año y ésta ya se había aseado hacía dos meses) hizo que las tropas de su padre conminaran a Dasmi a ese encierro transparente y aséptico. ¿Y de qué se alimenta? o ¿como cuida su higiene personal?, diréis... Un mago de Oriente, en paro por la crisis de la ilusión que todo lo invade, fue rápidamente contratado por el hermano mayor de Dasmi para que cuidara de éste. El mago envuelve manjares en pompas de jabón de distintos tamaños que hace llegar al monarca por una apertura superior de su jaula de cristal. En esas pompas envía rocío de la mañana, aire fresco, imágenes del exterior, notas musicales y hamburguesas doublechiken -las preferidas del desgraciado rey de la caca-. Y de paso, con el jabón volante, se alivia el nausebundo aroma que desprende la pecera (es que Dasmi no puede dejar de rascarse para pensar mejor) ¿Cómo llegó a esta situación?... por la maldición de una princesa fea a la que no quiso esposar. Ésta le anunció que tendría el mismo don que su dorado hermano Midas pero al revés, por no saber apreciar el interior de las personas, solo su semblante y figura. Y así, del día a la mañana, el pequeño de sangre azul de la familia (por orden de edad son Midas, Dimas y Samdi) vive inmerso en sus pensamientos, todavía negros y malolientes, mientras el mundo gira a su alrededor y viceversa.

1 comentario:

neo dijo...

Me tomaré la licenica de escribir una segunda parte alterantiva. COn permiso de la autora, mi más rendida admiración y mis respetos:


PAsaron los años y el reino de Midas era cada vez más poderoso, hasta que un día el rey se enamoró. Al ir a tocar a su bella prometida la convirtió en una estatua de oro,y por primera vez lamentó tener su maravilloso don. Se encerró en sus aposentos con su amada estatua que ya nunca le podría corresponder. Al ver así a sus queridos hermanos, encerrados y sin poder relacionarse con el mundo, el bueno de Dimas pensó que había llegado el momento de hacer algo. Habló con su hermanastro bastardo, el poderoso hechicero Sadim y lo hizo venir hasta la corte. Entre los dos decidieron cortarles las manos a sus hermanos y colocarles unas prótesis de marfil, porque, según dijeron, el que idealiza a alguien hasta convertirlo en estatua de oro o piensa que no se merece nada y lo que tiene lo convierte en mierda, no debería poseer nada y mucho menos enamorarse. El que se enamora de imposibles es porque no quiere ser correspondido, y el que no se valora lo suficiente para creer que merece todo lo bueno del mundo no es digno de la persona que dice amar. Así que los dos hermanos, Midas y Dasmi, asumieron que no eran capaces de hacerse amar, pero descubrieron que podían ser muy felices ayudando a los habitantes de sus reinos en lugar de pensar sólo en ellos. Colocaron los dos pares de manos juntas en una urna ritual como recuerdo y símbolo de que a veces, conseguir materializar (tocar) lo que más deseas puede no darte la felicidad.