sábado, 14 de febrero de 2009

Cada oreja, con su pareja

Tenía un vecino que se llamaba Valentín. Era bastante mayor y sordo. En invierno, pasaba la tarde sentado al sol, en un banco que colocaron frente a su casa. Era un abuelito afable que gustaba de saludar a todos los que transitaban por allí y claro, los parroquianos le devolvían el saludo, que él no escuchaba y así, lo que hubiera sido un sencillo y rápido ¡Hola Aurora!, ¡Hola Valentín!, se convertía en una conversación a gritos la mar de divertida, salvo si se tenía prisa,... (A Aurora, aquel día, se le quemaron las croquetas, perdió el turno en la frutería y se quedó afónica) Y a los chiquillos lo que más nos gustaba era felicitarle el día de su santo ¡FELIZ SAN VALENTÍN, VALENTÍN! ¿Que si he visto a Martín? ¡FELIZ SAN VALENTÍN! y así horas y horas,... Hoy Valentín ya no está en su banco y no podré felicitarle pero, si es vuestro caso, el de estar enamorados, digo,... ¡os deseo que seáis muy felices y sobre todo os deis cuenta de que sois afortunados y afortunadas!... (porque no necesitáis hablar para comunicaros aunque estéis como tapias) Ahá, ¿será el amor sordo además de ciego, cobarde, caprichoso, ca...? (perdón me he dejado llevar...) P.D.: El título del post hace referencia a los auriculares de mi ipod. Aparentemente iguales, L y R, llevan sus vidas de forma rutinaria y solícita. Nunca les había visto rebelarse, protestar o hacerse los "mudos". Sin embargo, sabed que si por un descuido o mal inquina, coloco el L en la oreja R, y viceversa, saltan disparados y caen de casco cruzado, impidiendo que la música y tú conectéis. Así que, aunque aparentemente iguales, L va con L y R con R. ¡Feliz día orejas! Os dedicaré una canción... y os sacaré a pasear.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo siempre pensé que los auriculares L y R tenían un rollito clandestino. De día siempre se hacen la cobra el uno al otro, pero ¿por qué a la mañana siguiente te los encuentras enredados como perr@s en celo? Ah, menudas juerguecitas nocturnas que se montan esos dos...
T.