miércoles, 29 de abril de 2009

Ponle cara (TERROR)

Está anocheciendo. Las farolas siguen apagadas aunque la penumbra ya habita la mayor parte de esa calle estrecha y cimbreante. Un escalofrío recorre la espalda, todavía refresca al atardecer. De la creciente oscuridad solo las tenues luces de los escaparates indican la senda, baldosas de fulgor amarillo para llegar a casa. Antes parecían más numerosas, ahora hay que saltar para llegar a los rectángulos iluminados.
Realmente hace frío y la calleja está desierta. Quizá por eso el eco de unos pasos ¿metálicos? se multiplican por dos, por diez, por cien,... Enfrente se distingue un bulto negro y desafiante. Avanza rápido, viene a por mí. Sin duda es un hombre. Alto, con abrigo o gabardina y sombrero. Mejor cambiar de acera, el terror a veces no entiende de cortesías. ¡La sombra del misterioso hombre imita mis movimientos! De nuevo, gris contra gris, un sudor helado recorre todo el cuerpo.
Los pasos son ya ensordecedores. Esquivo el pánico y me pego al primer escaparate. Hay blusas, faldas de señora, maniquíes semivestidos,... No hay clientes dentro, solo el dueño que no deja de mirarme, lo hace intensamente, con dureza, me está acuchillando con pupilas de acero. ¡Compra! ¡Compra! ¡Entra!... es lo que está diciéndome pero no voy a hacerlo, no puedo,... Tengo que bajar la vista, salir de ahí, busco otro cristal que me ayude a esconderme de los pasos que ya me impiden pensar, me impiden incluso oír mis propias pisadas.
Alcanzo la siguiente tienda. No hay luz, está cerrada, liquidación total se lee,... No hay tiempo de más, corro hasta otra luz que me ampare, me planto frente a una luna de collares, abalorios, bolsos, pañuelos y ¡de nuevo esa mirada de acusación! ¡Es la dueña, es como una zombi, sola, dentro de su tienda vacía, silenciosa,...! Los ojos van a devorarme, pero ahora no puedo moverme, por el rabillo del ojo veo acercarse al protagonista de mi primer horror, primero veo la gabardina, luego unas botas con espuela, un maletín,... No respiro, me quedo quieta, oigo su respiración en mi nuca, es un segundo, pero se hace de hora y media. La tendera matándome, exigiéndome que entre telepáticamente,... ¡COMPRA! ¡ENTRA! ¡OLVIDA LA CRISIS! es lo que está diciendo pero no voy a hacerlo, no puedo,...
Un gozne oxidado rompe la atmósfera. El señor del horror ha entrado en el establecimiento. Deja su maletín frente a la nariz de la mujer, ella lee "Cobrador del frac" y con el pánico tatuado en su frente busca que la salve, pero yo ya me he ido,... vuelo por esa acera donde ahora caen los telones-persiana. Dejo atrás a otros zombis, ya no dan miedo, son siluetas dúctiles, se doblan como si no tuvieran espina dorsal, son los autónomos y las dependientas agostados, ajados, vacíos, en crisis, sin vender nada hoy, sin saber qué decir en casa cuando sus hijos, sus mujeres, sus novios, sus maridos les pregunten qué tal el día... Su cara es la cara del terror HOY, y yo no puedo ayudarles,... La crisis nos ha dejado a todos muertos de miedo. A veces veo muertos y ellos me ven a mí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres increíble, Hache. Un relato perfecto dar a entender la gravedad de la crisis. La verdad es que me ha dado hasta miedo... Pero ya se pasará... La crisis y el miedo...

Besosss

fdc

angel dijo...

El miedo solo es el instrumento para controlar al pueblo. Lo ponen en un montón, y cada uno coge lo que quiere.