martes, 12 de mayo de 2009

InConfeSABLE 1y2

InConfeSABLE 1

Cuando oigo una canción que me gusta, canto.

En casa, en el coche,... Hasta aquí normal, ¿no?...

Cuando llevo los cascos por la calle y oigo una canción que me gusta ¡la canto también!...

De momento, mi pudor me limita a hacerlo cuando no hay nadie enfrente, ni a los lados.

Lo hago disimuladamente. Sin mover la cabeza, ni zarandearme,...

Solo hago playback y en silencio. Es un canto mudo, aire musical que muere al cierzo...

Es mi travesura particular, sobre todo mientras voy al trabajo al amanecer o caída la noche.

Mi tramo favorito es justo al encarar la gran acera de La Chimenea,...

Algún día gritaré y moveré todo el cuerpo, ese es mi deseo inconfesable (el número 1)

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InConfesaBLE 2

Últimamente cruzo el puente y cruzo los dedos.

Así la suerte se enredará en ellos y no se la llevará el aire, ni el humo de los coches, ni la corriente,... Cruzo así aguardando el día en que él lo recorra a la par.

Alguna vez lo ha hecho por delante. Y sin que él lo notara, le he seguido de cerca, pero guardando las distancias. Resguardándome de su mirada con las espaldas de otros, zigzagueando, casi con gabardina y sombrero, quizá escuchando "Secret Identity" de los "How I Became The Bomb"

Así, a lo Auster, tratando de conocerle por su manera de caminar y la distancia entre sus pasos.

En una ocasión llegué a ponerme a su altura. En un semáforo. Entre los dos: bicicletas, carritos de bebé, un mirón, tres colegas de él y uno mío. Mucha gente pero en silencio. Conjuntos totalmente disjuntos. Entonces, no me dió tiempo a cruzar ni la calle... (y se me desataron los dedos)...

Creo que se me llevó el viento...

Y así, como una exhalación vendavalesca cruzó de atrás a delante, en todas mis narices, hace una par de semanas. Ni me dí cuenta de que estaba detrás. Iba corriendo tan rápido que no me dio tiempo ni a gritar.

Aún rememoro su silueta difuminarse en la lejanía mientras los coches en circulación me impedían seguir su rastro. Juré en hebreo, por lo menos.

Creo que el otro día era él quién hizo de vigía. Le adelanté gracil, en un momento de descuido y recorrí rauda el puente, tímida y ruborizada, porque no hubiera sabido que decir en el semáforo del extremo opuesto.

Ni siquiera me permití mirar hacia atrás, aunque tuve que hacer un tremendo esfuerzo para evitarlo y no ser estatua de sal por los siglos de los siglos.

Váyase usted a saber qué me deparará hoy el puente. Seguiré cruzando cruzados los dedos...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Q buena la primera parte Eva... a mi también me pasa, cuando creo q nadie me mira canto disimuladamente las canciones del mp4 jajaja.
Tendré q cruzar el puente más veces que veo q pasan cosas interesantes :)
Ra

Hache dijo...

Ese puente es una mina, ja, ja,... besos Ra y a seguir cantando!