martes, 9 de junio de 2009

Cuerpo de primera mano I

La lectura del Heraldo los domingos me evade de la realidad durante un par de horas. Curiosa frase, no porque crea que sus periodistas se inventan las noticias, pero buscar un avión desaparecido en el océano o asistir gratis a una fiesta de Berlusconi no es parte de mi realidad diaria. Este domingo tenía hambre feroz de letra impresa y acabé en los anuncios por palabras. Quizá porque me había acabado otra obra de Auster y pensé hallar algún mensaje secreto, o quizá porque aquel anuncio recuadrado me atrajo sin remedio.
¡Vendo cuerpo de primera mano! ¡Entero o por piezas!: Ojos que nunca han visto mundo, ni Nueva York, Mexico o Moscú, ni indios americanos, ni esquimales; Boca que no ha besado a quién amaba, que no ha dicho lo que pensaba en los momentos precisos, que no ha dejado marca de carmín en la camisa de alguien; Piernas que no han hecho barrancos, ni subido montañas o trepado árboles, ni han entrado en un submarino, ni en el Transiberiano, tampoco en globo; Brazos que no han dado abrazos de verdad, ni remado, ni buceado; Entrañas que no dieron hijos; Manos sin anillos ni laca de colores; Vendo mi cuerpo porque no lo he empleado, y no quiero que se pudra conmigo. Si lo quieres, llámame. Te aseguras un cuerpo casi nuevo a estrenar. Un cuerpo que merece la pena vivirse, con derecho a vivirte.
Agarré el teléfono y marqué el número que el anuncio indicaba...
(¿Sería una judíada que el relato acabase así?)

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