miércoles, 26 de agosto de 2009

Te leeré de postre,...

Sonó y vibró. Fue un contundente bip bip rrrrrr rrrrrr. El móvil estaba sobre la mesa, entre la ensalada y el vaso de vino. Sabía de quién era el mensaje. No hacía falta mirar. Siguió comiendo como si tal cosa. Como negando que llevaba horas aguardando ese momento. Con parsimonia degustó el salmón, saboreó la ensalada, apuró el vino, y hasta pidió café. ¿Postre? No, gracias. Ella tenía su ración más dulce a un bip bip rrrrrr rrrrrrr de distancia. Se levantó elegantemente de la mesa tras pagar y dejar una generosa propina y se dirigió a su habitación con aire distraido. Como si no estuviera muriéndose de ganas de llegar para leer su mensaje. Una vez en la habitación, decidió darse un baño de espuma y pidió champagna al servicio de habitaciones. Se perfumó como si él estuviera esperándola, puso música y acompañada de su copa de champagne se sumergió en la cama. Entonces, solo entonces, desbloqueó el móvil y leyó el SMS... El alba la encontró todavía despierta, leyendo sus palabras una y otra vez; el postre más dulce, el que nunca se acaba.

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