martes, 22 de septiembre de 2009

Claxonismos

Nadie se explica porque no dejan de pitar. Hay un semáforo, a veces rojo, a veces intermitente. La calle es perpendicular a una gran avenida atestada de más coches, autobuses, camiones,... el tráfico no descansa. Es difícil aprovechar la luz ámbar para sumergirse en la gran arteria vial de la ciudad. Día tras día, los mismos conductores recorren con la misma lentitud los mismos metros de calle, por cierto, empedrada. Y siempre es él, el del opel granate, el que pita y pita sin cesar a los de delante cada vez que la luz del semáforo pasa a naranja. Ese día, como otros mismos días, yo iba caminando por la acera camino del trabajo, más rápido que cualquiera de mis vecinos de cuatro ruedas y, como todos los días, a pesar del volumen demencial de mi Ipod, el claxon de un coche me hizo jurar en hebreo y poner cara de malas pulgas (entre dormida y enfadada, algo así como oriental y enfadada) Creo que siempre es el mismo señor, con cara de "no tengo amigos ni quiero" Con cara de "no tengo prisa pero me gusta molestar"
Pero esa mañana, algo iba a hacerla diferente a todas las demás. Fue la señora de rulos y zapatillas de casa, la de la bata de guatiné del número 6. Esa que suele fregar el portal cuando paso o ya ha dejado su rastro de agua y lejía para dejar constancia de que madruga más que nadie y es la más limpia del hogar. A mi me parece estupendo pero ¿tiene que echar lejía pura en la acera obligatoriamente? Pues ella, la escoscada, ha cruzado cortándome el paso tan decidida que ha despertado mi curiosidad y ¿sabéis que ha hecho?, se ha dirigido al opel granate, que seguía berreando con constancia su Meeec Meeeeec Meeec Meeeeeeeeec matinal, ha tocado en su ventanilla y mostrándole su cubo de agua y lejía le ha dicho: "O dejas de tocar el pito cada mañana o te dejo tan blanco que no te va a reconocer ni tu madre" Esto lo ha entonado con tal convicción y autoridad que parecía el mismísimo Clint Eastwood en sus tiempos de Harry. Desde ese día el opel no pita o no pasa por la calle y por eso, aunque la señora de rulos siga dejando la acera con peste a lejía por los siglos de los siglos, le estaré eternamente agradecida.
Meeeeec Meeeeeeeeeeeeeeeeeeeec

2 comentarios:

Anónimo dijo...

jejeje. Sea verdad o no, es muy divertido lo que has escrito... ¡Qué grande eres, Hache!.

Meeeeecsss para ti.

fdc

Jose dijo...

... préstame a la señora, plissssssssssssssss... ya sabes, por el tema de los gritos....