lunes, 4 de enero de 2010

Con un par de pies

Si pudiera iría siempre descalza, por eso no me gusta llevar tacones. Cuánto más cerca estén mis pies del suelo, mejor. Esto es una metáfora, claro, porque suelen ir tropezando de nube en nube la mayor parte del tiempo. Pero dejemos de hablar de mis habilidades de no-adulta y centrémonos en los pies. Sí. Esa pareja de diez dedos que hace el deleite de los fetichistas. Los míos no son bonitos ni feos, pero a mi me parecen divertidos. En verano solo quieren pegarse el día tirados a la bartola, de plantas al mar. Y pasan horas dejándose acariciar por la arena. También se pirran por el césped. Sobre todo recién regado. Eso es un placer y lo demás, tonterías.... Así que, cuando llega el invierno y los encierro bajo calcetín y bota, por más abrigados que estén, siempre están a disgusto. O pasan demasiado calor, o nunca cogen temperatura. Y para protestar, por las noches, no hay forma de calentarlos. Pero todo cambia cuando llueve. Ser los pies de una dueña patosa y despistada es toda una suerte bajo la lluvia. Hoy, se han metido en todos los charcos. Han descubierto que era imposible huir y se han deleitado de lo lindo. Incluso han invitado a mis pantalones a unirse a la fiesta. Increíble. De nada me han servido el gorro, la capucha, el paraguas y un abrigo impermeable,...¡La lluvia me ha mojado desde abajo! Ahora, los zipi y zape, de mi parte del final, están medio dormidos y bien tapados con calcetines secos de algodón. Seguro que están soñando con charcos enormes, en los que saltar para salpicarte de arriba abajo. Sí, sí, ¡a ti!

2 comentarios:

Jose dijo...

has metido tus pies en mis charcos, lo he visto lo he visto, se lo han pasado bomba

Hache dijo...

Creo que me he bañado en tus charcos,... No sabía que eran olímpicos, guau,...