miércoles, 17 de marzo de 2010

La dama de la buhardilla

Es el edificio más bonito del Paseo, pero pocos caminantes se percatan de su presencia. Es majestuoso, en otro tiempo fue un palacete y aún conserva todo su esplendor, pero los dos primeros pisos se camuflan tras la frondosidad del jardin delantero. En lo alto, el ático, con tres ventanas circulares y persianas de madera. Las descubrí hace unos meses, cuando un avión rompió la barrera del sonido y eché la vista al cielo, asustada. Ahí estaban sus ventanales, hermosos, reflejando los últimos rayos del sol,... Cómo me gustaría vivir ahí y ahora, pensé. Al día siguiente descubrí a la inquilina. Parecía una señora mayor. Miraba al infinito. Imaginé que sería la nieta del primer dueño de la mansión. Que veía a través de sus ventanas cómo cambiaban los tiempos y las gentes. La soñé varias veces, con su pelo cano recogido en un cuidado moño. Con camafeo, a juego con sus pendientes de nácar. Luciendo un vestido de época y con una eterna sonrisa. Más de una vez he vuelto a ver su figura tras la ventana circular. Sigue mirando a lo lejos, a lo alto, como si los de aquí abajo no existiéramos. Aunque me pareció, no sé, creí que me estaba mirando y movía la boca,... Levanté la mano y la saludé, aunque ella parecía no verme y seguía moviendo los labios, muy deprisa, casi con ira,... Ayer mismo volví a verla y ella volvió a mover los labios, y las manos, me miraba, casi parecía que gritara,... ¡Cómo es esta gente rica, pensé! ¡Me abronca por mirar su casa! Así que decidí no levantar más la vista, incluso cambiar de itinerario. Ahora paso por las calles de barrio, dónde no hay casas tan altas ni tan lujosas, y las personas mayores pasean y te miran con dulzura,... Días después de escribir este relato, la paseante se enteró de que la señora rica vivía sola en aquel caserón, que se encontraba en la buhardilla cuando se rompió accidentalmente la cadera. No podía caminar pero reptando llegó a la parte más angosta de la habitación, de tan solo 60 centímentros de altura donde estaba la ventana circular, una de las que miraba al Paseo. Allí, junto al cristal la encontraron muerta, sin que nadie la hubiera oido pedir ayuda durante cuatro días.

4 comentarios:

MAROCHA dijo...

¡Qué triste que nadie te eche de menos!
¿Cómo habrá sido su vida para llegar a tener ese final?

Un saludico.

gram dijo...

Si un día te decides a escribir una novela, seré la primera en comprarla. Me gusta!

Hache dijo...

Marocha, por suerte esta historia se me ocurrió al pasar frente a un edificio precioso del Paseo Sagasta. Nadie miraba por sus ventanas,... (

Gram, ¡muchas gracias pero soy un cuentista de recorrido corto! Ojala un día me embale y me salga una novela, pero no sé, no sé,...

Ada Red dijo...

Quedarte con la duda de si habías podido hacer algo...
Uf! menos mal que es un relato!