domingo, 7 de marzo de 2010

Paseante dominical (skyfaces)

Al levantar la persiana el día ya pintaba gris, muy gris. De nada ha servido el café caliente con tostadas, el jersey rojo, la música alegre,... El color gris no se despegaba de los ojos. Ni de la cara. Al menos eso me ha parecido. Solo me he mirado al espejo una vez, y ahí estaba, una tremenda cara gris, a juego con el día. Me he estirado de la comisura de los labios pero el resultado era aún peor. He mirado fijamente los ojos del espejo y no me reconocía. Decidido. Mejor no mirarse en todo el día. Eso me ha hecho pensar en el color del mar. Parece azul, o verde, o gris, o blanco,... pero solo es el reflejo del cielo. Me hubiera gustado contárselo a todos los que no dejaban de mirarme mientras caminaba esta mañana por la calle.
Seguro que pensaban que estaba triste, o dormida, o resacosa, o peor,... Y no era nada de eso. He dormido bien, no soy infeliz, no bebí ni peor... Solo tenía cara de Zaragoza, Puente Santiago, 13h16. Ellos y ellas también tenían cara de cielo a esa hora, pero mejor que no lo sepan,... ¡Correrían a encerrarse en casa!

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