domingo, 9 de mayo de 2010

Paseante dominical (perderse y encontrarse)

Puedo afirmar con rotundidad que no hay mayor placer que encontrar algo que se daba por perdido. Ahí está mi abrigo marrón. Tanto tiempo conmigo y ayer decidió pasar la noche por ahí. Me abandonó sin dejarme ni una nota de despedida. Moví cielo y tierra para encontrarlo (vamos, que zarandee todas las chaquetas que había en aquel bar) y nada. Toda la noche pensé en lo que habíamos vivido juntos, viajes, paseos, fotografías en las que siempre sonreímos. Eché de menos al momento su capucha, tan apropiada en estos días de lluvia y no dejé de lamentarme por haberlo dejado en aquella silla inhóspita, de aquel bar que no era de los nuestros. Pero volví al lugar, y allí estaba. En un saco gigante, junto a otros abrigos, chaquetas, bolsos, ¡había hasta un cinturón! Y al verlo empecé a saltar de alegría. No pienso perderlo de vista ni un momento, y las noches de fin de semana lo dejaré siempre en casa, para que no vuelva a las andadas. ¡Larga vida a mi abrigo marrón con capucha!
PD: En la foto, mi abrigo y yo en La Cite (Carcasona, Francia) Del resto de acompañantes ya no queda nadie. Gorra, bolso, botas y pantalones pasaron a mejor vida. ¡Mi abrigo y yo, unos supervivientes!

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