martes, 23 de noviembre de 2010

La hora bruja

Cuidado, Cenicientas modernas, ¡no es a la medianoche a la que debéis temer!
Corred como alma que lleva el diablo cuando los relojes marquen las 2oh45.
A partir de ese momento, vuestros súper del barrio comenzarán a bajar la persiana, y esa reja levadiza, queridas, no hay Caballo de Troya que la atraviese.
Si no cruzáis a tiempo el umbral de ese establecimiento, ya podéis prepararos para recibir calabazas. Abatidas y derrotadas, después de una jornada laboral partida, que se ha alargado más de la cuenta, otra vez, llegaréis a una casa de nevera vacía, apenas un huevo y algo de queso para ahogar las penas. Sin algo dulce que os alegre el día. Con el premio de consolación de visitar a un súbdito del lejano oriente y dejar casi todas vuestras monedas doradas por un frugal sandwich precocinado.
Por eso, porque sois princesas a cualquier hora del día, habréis de correr más que nunca cuando den las nueve campanadas. Corred, volad, empujad si es necesario aunque perdáis un zapato.
No paréis ni por un George Clooney en busca de compañía para tomar un espresso.
Entrad en vuestra tienda, agarrad la carroza-cesta y a reinar.

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