domingo, 6 de marzo de 2011

Paseante dominical (mi abuelo)

No le conocí. Se llamaba Víctor. Era alto y apuesto. Como un actor de cine en blanco y negro. Hoy, he ido a verle. Hacía años que no iba de visita. Vive en el cementerio del pueblo, muy cerca de la puerta. Se le veía desde los barrotes y tuvimos la suerte de que hubiera alguien dentro para abrirnos. No es lo habitual. Mi madre y yo corrimos a mirarle, tan guapo, tan eterno,... Murió el 25 de diciembre de 1970, por eso en casa no nos gustan las navidades. ¿Cómo era, mamá? ¿Cómo era el abuelo? Y pasamos el domingo hablando de alguien a quién nunca conoceré. Sangre de mi sangre. En su lápida solo se despiden de él su esposa e hijos. Entonces, aún no sabía que tendría nietos. Ojalá yo le hubiera gustado. Me hubiera gustado tanto conocerle. Llevo tres días soñando que dormimos juntos en el sofá viendo una película. Él es muy viejito y me coge la mano. Y mi madre nos tapa con una mantita, y baja el volumen del televisor y se va de puntillas, sonriendo. Sí, creo que me gustaría mucho mi abuelo.

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