domingo, 17 de abril de 2011

Paseante dominical (libros a la fuga)

Siempre las mismas visitas, ¿acaso no vive nadie más en esta ciudad? Pese a su título, "La bicicleta estática",  de Sergi Pámies comenzó a pedalear con fuerza, como había leído en "12.822 kilómetros" de Diego Ballesteros. Si él fue de Barbastro a Pekín, se dijo, ¿por qué no puedo recorrer los 20 metros que hay de mi estantería al Paseo Independencia? Pedaleó y pedaleó. "Un señor de traje gris" de Javier Vázquez apostó a que no lo conseguiría pero uno de los calcetines perdidos "En busca de la felinidad" de Eva Hinojosa, depositó en la bici toda su confianza, y también hay que decirlo, le dió una soberana patada en el sillín que propulsó al aparato metro y medio, para ir a parar al suelo de la librería. Cayó de bruces, y decidió acampar unas horas, se colocó en modo tienda de campaña. Había sido mucho esfuerzo para un libro recién traducido al castellano. Estaba exhausto. Incluso pensó en rendirse y darle la razón al pesimista del traje gris. Nada hay que no se vea mejor con el estómago lleno le dijeron desde , "Cocina rápida para tortugas" de Pepe Serrano y después, con "El paseo en bicicleta" de Antón Castro, nuestra protagonista se plantó en mitad de la acera de Paseo Independencia, domingo 17 de abril, Día del Libro. Alguien lo cogió del lomo y lo puso sobre una mesa, a pleno sol, le costó acostumbrar su portada a tanta luz y tanto ruido, ¡pero cuánta gente nueva! ¡Algunos ni lo miraban pero otros, oh, lo tocaban, le daban la vuelta, lo abrían,...! Y de repente, alguién lo compró, se lo llevó a un parque, y estuvieron leyéndose toda la tarde. El dueño dejó de leer cuando llegó su novia, pero no le tiene celos. Algunos días es ella quién lo saca por la ciudad y no deja de enseñárselo a todos sus amigos.  "La bicicleta estática" es ahora un libro feliz, tiene una familia que le quiere, ya no pasa solo los domingos, encerrado en una librería. Dice que está pensando ayudar a sus colegas de dentro, para que se fuguen también. Pero cada vez que sus dueños le acarician el lomo, cae dormido como un gatito y se le olvida todo lo demás.

1 comentario:

Pedro dijo...

Sin duda, hoy fue un paseo inolvidable