sábado, 4 de febrero de 2012

Tortilla de patata

Tres patatas, cuatro huevos, algo de cebolla y yo nos la jugábamos a una carta.
Antes de empezar tuve una charla con todos ellos. Tenían que darlo todo en la cocina. En la grada nuestro público era exigente. No se conformaría con cualquier cosa. Esperaban de nosotros, ¡lo mejor!

Había nervios y tensión. Casi nos cortamos al mondar la tercera patata pero supimos esquivar el filo justo a tiempo. Uno de los huevos vino al plato con cáscara pero pudimos eliminarla y batirlo todo en tiempo y forma. Hubo lágrimas, como siempre, pero las capeamos tras picar la cebolla.

La suerte estaba echada. También las dudas. ¿Era demasiada patata? ¿Pocos huevos? No nos dejamos llevar por la negatividad y nos la jugamos en la sartén. Pero habíamos elegida la mejor. El teflón y el aceite en su mejor momento. Ahora solo quedaba esperar. Y tocar, tocar, tocar o lo que es lo mismo, no dejar que nada se pegara, no llenarnos de sal, no abusar de la fluidez del aceite,...

Redonda. Enterísima. Hasta sonríente. La tortilla de patata llegó a la mesa. Desde la grada recibimos ovación cerrada y felicitaciones. Misión cumplida. ¡Qué aproveche!

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