miércoles, 19 de diciembre de 2012

Columnista:Cuento de Navidad

Publicado el lunes, 17 de diciembre de 2012
Diario de Teruel
(Es una historia real)


Vestía abrigo y bufanda de colores sufridos, pero las zapatillas de estar por casa color azul chillón desentonaban del resto. Señoras muy enseñoreadas, habituales en esa calle del centro, la miraban de soslayo y seguían su camino. Todos la miraban, pero nadie hacía nada. Eran más de las diez de la noche y me extrañó que la señora en zapatillas siguiera clavada en esa esquina, me acerqué y le pregunté si estaba bien. Ella tardó en reaccionar pero al verme expresó su angustia; no sabía dónde estaba ni cómo había llegado allí. Me dijo que se llamaba Miguela, que tenía 87 años. La ayudé a orientarse pero estaba muy lejos de casa para volver a pie, y no quería que llamara a un taxi, ni coger un autobús. A esas alturas tampoco yo me fiaba de dejarla sola. Miguela se lamentaba de su destino, era la primera vez que le pasaba algo así, me contaba. Nadie la esperaba en casa y mejor no decir nada a los hijos, me respondió. ¡Qué torpe soy!, se lamentaba, mientras se asía con fuerza a mi brazo. Llamé al 112, enviaron poco después a la policía nacional, les conté cómo encontré a Miguela. Ella nos pidió perdón a todos por molestar. Nos despedimos con un fuerte abrazo. Le pregunté el apellido para buscarla en la guía telefónica. Hoy la he llamado. Dice que está bien, que no entiende qué pasó ayer. Me ha prometido que el lunes irá al médico y yo que la llamaré de vez en cuando. Esta historia podría ser un cuento de Navidad, pero es real y por el momento, termina con final feliz.

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