lunes, 25 de febrero de 2013

Cuento contigo

Amor cuatro estaciones

Lo suyo era amor, amor del bueno. Todo comenzó un día de invierno. Hacía tanto frío que los pájaros apenas podían volar. Pese a estar bajo cero, él no lo sentía. Vestía y comía helados como si fuera agosto. No podía evitarlo, era un tipo caluroso. De trato y de sensación térmica. Ella en cambio nunca tenía bastante ropa de abrigo. Caminaba encogida por el frío como una señora de cien años, aunque no había cumplido los veinte. Por eso pasaba inadvertida para casi todos... Él en cambio parecía un cartel luminoso a medianoche. ¿Quién no iba a percatarse de que ese chaval caminaba a grandes zancadas con pantalón corto mientras la nieve caía sobre la ciudad? Ella le envidiaba, y pensó que tal vez estar cerca de él sería la solución. Comenzó a seguirle, y lo cierto es que cuando se situaba detrás de él en los cruces de semáforo o de pie en la parada del tranvía, tenía menos frío. Incluso parecía crecer un par de centímetros. Este bienestar le llevó a planear un acercamiento más íntimo. ¿Qué pasaría si consiguiera que él le diera la mano?..O mejor, ¿qué sucedería si chocaban?.. Y así, la chica iceberg fue camino de su chico Titanic. Le vio avanzar por la avenida  como cada mañana y corrió hacia él como un toro desbocado. Se produjo un gran choque, y cayeron al suelo. Ella, por suerte, quedó encima y esta vez, el Titanic no se hundió y la muchacha iceberg logró derretirse un poco. Tras ponerse en pie, sin decir aún palabra, ella se quitó una de las chaquetas de lana y comprobó que casi era tan alta como él. Incluso le pareció que una gota de sudor resbalaba entre sus rizos. Por su parte, don caluroso notó un leve escalofrío en la espalda y un extraño cosquilleo en el pecho. Y así comenzó su historia de amor. El más cálido y refrescante jamás vivido...

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