miércoles, 20 de febrero de 2013

¡Qué cabeza!

Yo buscaba aparcamiento dando vueltas por las mismas calles y aquel señor, que caminaba como ido por el centro de la calzada aparecía una y otra vez. En la primera vuelta pensé que era un loco, después tuve miedo de él y cuando por fin vi que encontraba su coche y me ofrecía aparcar el mío en su hueco, me alegré muchísimo. Por él y por mí.

Me dijo aliviado que no recordaba dónde lo había aparcado el día anterior, que llevaba más de una hora buscando por el barrio y que ahora ya podía irse por fin a casa.

Su historia me ha vuelto a perseguir hoy, cuando olvido qué voy a decir o qué comí ayer. Olvidos siempre pequeños, cuando lo que querrías olvidar siempre es demasiado grande

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