domingo, 3 de noviembre de 2013

Paseante dominical (¡Voy a aparcar en la puerta!)

Algunos me llaman loca, otras hace tiempo que ni llaman, ni escriben, pero lo cierto es que cuando tengo que aparcar en una calle atestada, ¡tengo mis truquillos! Uno en especial suele resultar... curioso y alternativamente efectivo. Te lo sugiero por si te sirve, pero luego no me llames loca. ¡Carga con lo tuyo!

Ahí va. El método en cuestión tiene nombre. Se llama: gato de tres pelos. Extrañas cabezas sabias me transmitieron este truco de maestros que, entre nosotros, funciona poco y mal. El mecanismo para activar este milagro urbano es concentrarse y visionar un gato con tres pelos en la cabeza. 

Si tras idear al felino en cuestión, no encuentras ese deseado hueco para estacionar, es que no has realizado concentradamente el rito. Así que frunce el ceño, imagina un gatito frente a ti y cuenta los tres pelos entre sus orejas. A mí me aseguraron que es mano de santo...

Sin volver a discutir sobre la eficacia de las manos de santos y el trío capilar sobre felino, vuelvo al hecho de que ¡no soy la única con malas artes esotéricas para tratar de aparcar! Dicen que el fin justifica los medios y quien más y quien menos, en la soledad de su coche, emplea todo tipo de artimañas para aparcar. Si eres tan amable de contarnos las tuyas... serás bien recibido. ¡Y si no, mañana mejor emplea tus pies para ir al trabajo (o donde sea)! ¡Todos los gatos de tres pelos estarán ocupados!

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