domingo, 28 de septiembre de 2014

Paseante dominical (La cometa)


La encontró por casualidad. Hacía años que nadie jugaba con esa vieja cometa. Recuerda que fue el regalo de cumpleaños para el mayor de sus hijos, pero fue el pequeño quién más la disfrutó. Salían al monte  a verla volar los hijos y el padre mientras ella les hacía fotografías. ¿Dónde las habrá guardado? Buscando las fotografías viejas de aquella cometa, se pasó rápida la tarde. Ahí estaban los hijos, muchos años antes, y su marido, abrazándoles. ¡Qué felices fueron con aquella cometa roja! Ensimismada en sus recuerdos no se percató de que el traqueteo de la lavadora había cesado. La segunda colada del día. Sábanas y sábanas que ondeaban al viento, en un tendedor en el que ya no cabía más ropa. La voz del marido se oyó al fondo del pasillo. Gritaba. La mujer tiró al suelo las pinzas, acudió nerviosa a su llamada. Otra vez le llenó de besos, le acunó en sus brazos, cambió con cuidado las sábanas, le aseó como a un niño y veló su sueño. Volvió a la cocina, con más sábanas para lavar... y sin espacio en las cuerdas. Miró al cielo, quizá rezando, o quizá para contener la rabia, y tal vez una cosa llevó a la otra. Un zurcido en la tela, un par de nudos y la cometa otra vez flotando cerca de las nubes, cargada de sábanas y pijamas ondeando al aire. María todavía se atrevió con una tercera lavadora aquella noche. Después se acurrucaría junto a su marido niño, y le contaría la historia de aquella cometa roja que había venido a visitarles. 

Para Mamen, un cuento con cometa. 

5 comentarios:

Marisa G dijo...

Buenos días Eva. Vengo a conocerte de parte de mi amiga Pilar que acaba de publicar una receta en la que enlaza a tu blog y a este emotivo relato. Me ha encantado y emocionado a la vez. Un abrazo desde Valencia.

Hache dijo...

¡Marisa, muchísimas gracias por tus palabras...Un fuerte abrazo, y pásate por aquí siempre que quieras!

Nenalinda dijo...

Hola he venido a visitarte desde el blog de pilar.
Un relato pecioso el que has escrito de esa enfermedad que ultimamente esta tan de moda por llamarle de alguna manera ,que pena perder los recuerdos de toda una vida.
Sin duda un precioso homenaje a la dura labor de las familias que los cuidan en casa , pues trabajo con gente mayor y lo vivo dia a dia.
Un saludo.

Hache dijo...

Muchísimas gracias, Nenalinda. Deberías acordarnos y querer más a nuestros mayores. Un besazo y también mi bienvenida al blog. No cocino tan bien como Pilar, pero algún que otro cuento voy sacando de mi chistera mágica.

Pilar Y a la luna dijo...

Tu haces todo bien Eva y con tu sonrisa llenas de color la vida.
Un besico