miércoles, 14 de enero de 2015

Querido Diario: Día 14

¡Esta chica está fatal de la cabeza! ¿Que dice que va a entrar a casa de unos sospechosos para fumigar? Llevo sin dormir un par de días, ¡esto pasa de castaño oscuro! ¿Y quién será el o la tal Chia-Kang? 

Día 14
¿Qué os parece? ¿Daremos el pego o qué? 


Breaking Bad ha sido una gran inspiración. Así, como Walter White y Jesse Pinkman hemos salido de casa esta mañana, dirección a casa de los delincuentes.  Chia-Kang es mi amigo, mi mejor y único amigo en Zaragoza (es que llevo poco tiempo y no tengo tiempo de mucha vida social) pero no le he explicado exactamente en qué consistía la misión, para no asustarle. Solo le he dicho que tenía que ayudarme, traer su coche y forrar de papel de aluminio unos botes de insecticida del supermercado. 

-Es un juego, Chia-Kang. Un experimento sociológico para mi tesis. Tú no hables, y si hablas, ¡en chino! A todo lo que yo diga, asiente y si te digo corre, ¡pues corre! ¡corre mucho! 
-Marta, creo que estás otra vez tomando mi pelo, y sabes que a cambio me tienes que acompañar a las clases (ENLACE) ¡aprender chino es fácil!
-Sí, también me dijiste que era fácil comer con palillos, y ya sabes lo qué me pasó...

Me refería a mi pequeño truco, algo que a Chia-Kang no le gusta nada, ¡y está algo resentido! Por eso, tengo que ir a sus clases de chino, ¡es mi penitencia!

Por cierto, aquí van mis truquillos con palillo. Por si os vienen bien... ¡Con una pinza, arreglado!


También incluyo el modo ortodoxo, para que no digáis que no os dejé intentarlo...



Bien tempranito cogimos su coche y vestidos a los Breaking Bad tocamos el portero automático del 4º A. La voz del hombre era la misma, y nos abrió sin ningún tipo de remilgo. Esta vez cogimos el ascensor. No sé cómo pude contener la risa al vernos reflejados en el espejo, con esos trajes,... El señor, vestido esta vez nos esperaba con la puerta abierta. 
-Buenos días,le dije a través de mi respirador. Tardaremos unos 15 minutos. Espere en el rellano.
-No, bajaré al bar, llevo días sin salir de casa y me vendrá bien darme un garbeo, pero ¿está segura de que luego puedo volver a entrar sin mascarillas de esas ni nada?
-Sí. En media hora podrá hacer vida normal en su casa. Sin cucarachas. ¡Tenemos que empezar, y le estreché la mano! El tiempo es oro.
Cuando cerré la puerta tras de mí, con toda esa casa a mi disposición casi grito de júbilo. Chia-Kang me miraba atónito. No podía saber cuáles eran mis motivos para entrar ahí, así que le dí el insecticida y le dije que rociara a conciencia el baño y la cocina. 
-Hasta vaciar el bote, ¿entiendes? ¡Todo bote!
Mientras él se dirigía a la charada, comencé a buscar algo, no sabía qué, pero tenía que arrojar luz a todas mis preguntas. 


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