jueves, 15 de enero de 2015

Querido Diario: Día 15

Creo que en términos policiales, nuestra Marta está cometiendo un allanamiento de morada. Y muchas otras dudas me asaltan, ¿estaré perjudicándola al escribir su diario en el blog? ¿Y si los sospechosos lo leen y la denuncian? No sé qué hacer,... pero bueno, ahora que están dentro...¡tendré que seguir sus pasos! (por si tengo que echarles una mano...)

Día 15
Como una loca empecé a abrir y cerrar cajones, mirar carpetas, buscar en armarios y todo con el ruido del insecticida de fondo. El piso no era el habitual de un matrimonio maduro. No había fotografías de ellos, ni cuadros hortera, ni muebles de los ochenta. No había imanes en la nevera, ¡no había casi nada en la nevera! Por no haber, ¡no había televisión! Parecía una casa semi vacía con cuatro muebles de Ikea, y ¡una foto mía acompañada de abundante texto! Había otras caras, una carpeta entera. Lo metí todo dentro del mono, y acudí a rescatar a Chia-Kang.

-Mareo, veo todo estrellitas que giran, y giran....
-Vamos, Chia, ¡no te pongas ahora a hacer el tonto, que esto es profesional!

Y asiéndole del brazo estiré de él hasta la puerta de entrada, dónde llave en mano me miraba fíjamente la más joven de todos (la que me dio el mensaje de la maceta de col decorativa, ¿os acordáis?

En ese preciso momento me di cuenta de que no llevaba la peluca ni las lentillas, y me había abierto el traje mientras buscaba en el piso. Fueron dos segundos, los justos para huir de allí a toda velocidad arrastrando al mareado Chia-Kang... y por las escaleras. Estaba casi en la planta calle cuando escuché.. 

-¡Alto! ¡Ladrona! Vas a arrepentirte de esto. Sabemos dónde encontrarte... pero el resto de la conversación me lo imagino, porque ya estábamos en la calle, y yo con las llaves del coche en la mano para llevar al pobre Chia-Kang lejos de todo ese embrollo.

Estaba claro que a casa no podía ir. Y tenía que avisar a mi madre, pero sin alarmarla.

-Mamá, estoy en la Universidad. He oído que hay un aviso de bomba en nuestra calle. Sí. Aún están comprobando si es auténtica, mamá, pero estoy segura de que lo es. Coge todo y vente para acá. Cogeme algo de ropa también, por fa. ¡Pero tranquila, eh, que no quiero que te asustes!

Sí, seguramente mi madre se debió morir de miedo, pero es que es muy cabezona, y si no, no hay manera. Mientras tanto, Chia-Kang seguía algo ido en el asiento del copiloto, y muy pálido. 

-¿Estás bien? 
-Por favor, necesito bajar del coche
-No puede ser aún, espera un poco. Aguanta. Es importante
-Es que necesito bajar,  Marta
-Abre la ventanilla y seguro que se te pasa,... ¿Chia? ¡Chia-Kang! Hombre, no vomites dentro del coche, que además es tuyo,... ¡Ay! ¡Qué peste! ¿Qué desayunas? ¡Buf! Y ahora con este tufo... ¡mira qué eres, Chia! 

La broma nos duró poco. En el retrovisor ya se dibujaba muy cerca un Opel Mokka azul. No se distinguía bien la matrícula, pero estaba segura de que era extranjera,... 

-Agárrate, Chia-Kang. Vamos a saltarnos unos semáforos...

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