viernes, 16 de enero de 2015

Querido Diario: Día 16

¿Persecución en coche por las calles de Zaragoza? ¡Ya lo que me faltaba por oír es que la perseguidora llevase un arma de fuego y disparase a Marta y Chía! Este diario es de todo menos el típico diario de una chica veinteañera... ¡Yo esperaba versos de amor y dibujitos color de rosa, y resulta que la dueña podría protagonizar una de Tarantino!... Y ahora de carreritas con el coche...


Día 16

¿Dónde hay un coche de policía cuando lo necesitas? Eso pensaba mientras veía cómo el Opel Mokka azul se acercaba cada vez más. No había duda. ¡Eran mis queridos delincuentes! La chica más joven conducía, y de copiloto, el hombre. ¡Que parecía bastante enfadado! Chia-Kang tras haber expulsado sus problemas, estaba tan atemorizado que ni hablaba y yo solo quería que un coche de policía nos interceptara y decirle que nos iban siguiendo unos ladrones de identidad, que me habían publicado una esquela, que me impedían encontrar a mi hermano, al que llevaba meses siguiendo el rastro de ciudad en ciudad. La verdad es que era complicado, pero no sabía cómo salir de atolladero. El semáforo estaba en ámbar, y recordé que ese cruce era muy problemático, así que lancé mi órdago. Dejé el Pº Sagasta y giré bruscamente hacia la Avenida Goya, y con suerte no me embistió una camioneta de cervezas que subía en sentido contrario. 





Pero, mi perseguidora no tuvo tanta suerte. Cervezas, espuma, un conductor enfadado, coches tocando el cláxon por todas partes y el Opel Mokka azul muy abollado y con sus ocupantes lamentándose a grito pelado... Eso ví por el retrovisor, y a toda velocidad fui hacia un lugar seguro en el que poder leer los documentos qué había robado en el piso del Barrio de Torrero. 


(sigue)
Chia-Kang está mejor. Hemos llevado el coche a un lavadero, para que lo limpiaran bien por dentro, y le he invitado a tomar una manzanilla. Le ha vuelto el color (amarillo) a la cara, y como es muy buen amigo, no me ha preguntado nada. 
-Tú saber qué haces. Yo, amigo, pero tú debes pensar qué haces.
Nos deja a mi madre y a mí quedarnos en su piso, ahora está libre una habitación y no habrá problema con su casero.
Por fin me he quedado sola. Mi madre está cocinando con Chia, dice que le va a enseñar a hacer sancocho canario, y unas buenas papas con mojo picón, que ya vale de tanto arroz y tanta salsa de soja... ¡Pobre Chia! ¡Si cree que yo soy testaruda, buena es mi madre! Mientras oigo a mi madre gritarle en la cocina (¿por qué cuando no sabemos el idioma de un interlocutor solemos gritarle? ¿Es un defecto español o internacional?) he sacado los papeles robados de mi escondite. Primera página. Marta Expósito Jandía. Y una fotografía reciente, ¡estoy entrando en casa con una maceta! Está toda mi vida aquí, dónde nací, estudié y hasta los novios que he tenido... ¡no entiendo nada! ¿Cómo? ¡También incluyen a Chia-Kang! Bueno, estarán de broma, ¿no?..
A ver, dice que no soy peligrosa, que será fácil 'hacerme desistir de la búsqueda', y que con el truco de la esquela saldré hacia Canarias llorando y muerta de miedo. ¡Qué simpáticos! Bueno, de mamá no dicen nada, ni tampoco si mi hermano está en Zaragoza o lo han llevado a otra ciudad, ni si está bien... ¡Tato! ¡Te voy a encontrar, y esto será un mal sueño, ya verás!

Miré el resto de documentos, había más fotos, y por lo visto, eran también familiares y amigos de otros jóvenes como mi hermano. Apunté bien sus nombres, y datos para localizarles, ¡tal vez unidos, lo consigamos! O tal vez, así, si somos un grupo más numeroso, por fin la policía nos haga caso. 
-Marta, ¡a cenar! 

¡Estoy hambrienta! ¡Hasta mañana! ¡Os dejo la receta del SANCOCHO, por si os apetece probarlo!

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