lunes, 16 de febrero de 2015

Querido Diario: Día 27

¡El comisario se va a enterar de todo, Marta! Y quizá sea lo mejor,..aunque no sé qué opinará la familia de Chia de que un policía se inmiscuya en sus asuntos... ¡Con el genio que gasta la abuela de Chia, yo no querría estar en el pellejo de Marta!

Día 27
Llegué a la pensión pero no estaba Chia. La cabeza me estallaba, trataba de buscar una escapatoria pero era incapaz de pensar con claridad. El comisario había sido testigo directo de como 'alguien' había intentado enterrarme viva,... ¡pero eso solo pasa en el cine, j****! (perdón por decir tacos) Lo que está claro es que la policía nos estaba siguiendo, y menuda suerte, si no a estas horas ya estaría criando malvas como suelen decir.

Caí en la trampa como un ratoncillo. Vi aquella caja al fondo del nicho y... ¡la caja! ¿qué pasó con la caja? Con el susto me había olvidado de que... ¡la había metido al bolsillo del plumas! El corazón se salía de órbita. El sonido del bombeo se debía escuchar perfectamente al otro lado de la puerta. Con sigilo me acerqué al abrigo. Lo había colgado en la percha, y metí la mano en el bolsillo. Ahí estaba. Una pequeña cajita metálica. ¿Y si al abrirla detonaba un explosivo? Era una opción... ¿Y si era un mensaje de mi hermano? ¡Esa posibilidad era mucho más poderosa que la bomba más potente! 


Tomé aire y lentamente abrí la tapa... Dentro había una pequeña llave con el número 77. Era una llave de escasa seguridad. No parecía de un banco o un apartado postal. Se parecía más bien a las de los supermercados. A esas con las que puedes amarrar el carro de la compra. Pero eso no tenía ningún sentido... Miré y remiré el llavín y pensé que también podía pertenecer a una taquilla de gimnasio,... ¡eso sí que podía ser! Mi hermano era un adicto a los gimnasios. Le gustaba nadar por las mañanas y machacarse a correr en la cinta,... ¡tenía que encontrar un gimnasio en Zaragoza! ¡Eso parecía una aguja en un pajar!  

-¿Maaata, Maaata?

Ese era Chía. Abrí la puerta dispuesta a echarle la bronca por no estar localizable pero no tuve oportunidad. No estaba solo. La mujer joven del piso de Torrero le amenazaba por la espalda con... ¡una pistola! y los dos se metieron en mi habitación. Chía había perdido el color amarillo y estaba tan pálido con una flor de loto. 



No sabía qué hacer, lo único que pensé fue en esconder la llave. Ahora, Chía y yo estábamos con las manos arriba mientras la mujer nos encañonaba...

-Ya era hora de que habláramos vosotros y yo. Os advierto que el arma está cargada y tengo buena puntería. Si gritáis, dispararé. ¿Entendido? Tiene silenciador, así que nadie os oirá. ¿Por qué os sigue la policía? ¿Le habéis contado algo? ¡Hablad! 

No sé porqué nos sigue la policía pero quizá se os fue la mano incendiando nuestra casa, ¿no os parece? ¡Nos podíais haber matado!

-Mira quién habló. La niña buena que entró en nuestro piso a robarnos documentos. ¿Dónde los tienes? ¡No estaban en tu piso antes del incendio!

-¿Dónde está mi hermano? Dímelo y podemos llegar a un acuerdo

-Tu hermano, dices... ¡Se escapó hace semanas! ¡Por eso te seguimos, idiota, creemos que trata de ponerse en contacto contigo! Vaya, parece que la niña mona no es tan lista... ¡Dadme los papeles!

-No te los daré, y mejor sería que te fueras. El Comisario ha dicho que quiere volver a hablar con nosotros y va a venir aquí, así que yo que tú me iría rapidito... 

Parecía que la amenaza había surtido efecto, pero entonces, la mujer dio un salto espectacular, me golpeó en la cabeza y todo se volvió negro. Me despertó el teléfono. Era una llamada de la comisaría, pero, ¿dónde estaba Chía? ¿Cuánto tiempo había pasado? La llave seguía en mi bolsillo, pero la habitación estaba totalmente desordenada. Ropa por el suelo, cajones abiertos,... Por suerte, no guardé el diario ni los documentos ahí,... Pero, ¿por qué Chía había vuelto a dejarme sola? ¡Tenía que contestarle al comisario y no sabía qué decirle!


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