Me tapa la cara para que no se lean mis sentimientos.
Lo despliego cuando me atacan con tu nombre o tus hazañas.
Lo uso hasta para dormir.
Y funciona.
Ya ni te sueño.
Mi escudo es mi sonrisa.
¿Por qué tardé tanto en darme cuenta?
Antes, tu efecto era borrarla.
Ahora, tu consecuencia es henchirla y lanzarla a los cuatros vientos.
¿Debería darte las gracias?
(tic, tac, tic, tac,...)
Tal vez prefiera terminar el texto sonriendo. Será lo mejor.
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