No es justo. Antes no me gustaban los domingos y se hacían interminables. Ahora, que me encantan, pasan a toda velocidad. Voy a ponerles una multa, y llenar el día de rádares a ver si así aminoran la marcha y me dejan ver el paisaje por las ventanillas, y leer todos los carteles, e imaginar quién vivirá en el próximo pueblo o cómo se llaman los del coche de detrás. Quiero estirar mis domingos y aquí estoy cogiendo de una punta con todas mis fuerzas,... ¿Me ayudas?
No hay comentarios:
Publicar un comentario