domingo, 7 de febrero de 2010

Paseante Dominical (Síndrome de Estocolmo)

No hacía falta nada más. En ese pequeño búnker con ventanas teníamos comida, agua, películas, cama, sofá, ducha, y abrazos contra el frío. No eché de menos el móvil, ni la www o el rímel, tampoco ver las noticias ni mirar a través de los cristales. Mi secuestro ya terminó. No se hubiera podido prolongar en el tiempo sin llamar la atención. Alguien, en algún momento, se daría cuenta de mi ausencia. No hubo rescate. El captor me liberó sin decir una palabra. En la acera, junto a su casa. Metió un papel en el bolsillo de mi chaqueta y me despidió con un beso en la mejilla. Vagué durante horas por la ciudad, aunque no parecía la misma. Ninguna calle era mi calle. En las ventanas con luz nadie me esperaba. Antes de ponerme a llorar como una niña recordé su mensaje en mi bolsillo. Era la dirección de mi casa y un número. Un enorme 40.
Horas más tarde, en mi cama, encontré el significado de la cifra. Sin embargo, no puedo revelarlo. Es algo que queda entre mi secuestrador y yo.

viernes, 5 de febrero de 2010

No salimos en los periódicos

Ni en la radio, ni en televisión,... Veamos: economía, política, sociedad, deportes, mundo, local, regional, moda, pasatiempos, el tiempo, cortes de agua, sucesos, agenda cultural, esquelas, publicidad, anuncios por palabras, opinión, espectaculos, primera y contra, carta de ajuste, señales horarias, suplemento, reportaje, noticia, breve, columna, negrita, off the record, in situ, directo, primicia, exclusiva, teléfono de atención al lector/oyente/telespectador,...
¿Alguien ha leído algo que tenga que ver con emociones, con sentimientos, con lo que nos golpea por dentro? ¡No! Ea, pues aquí estoy yo. Conmigo no todo es sonrisa ni todo llanto, pero de los titulares y las macrocifras pasaremos. Vamos a entrar a víscera abierta. Para eso soy yo. Con tu permiso voy a meter la mano por tu boca, agarrarte los pies y ponerte del revés. Y ahora a no asustarse y a usarme de espejo, que las emociones son como el ADN,... Únicas pero transferibles. Para todo lo demás,...

jueves, 4 de febrero de 2010

RARO

  • Por un momento, olvidé que no te conocía, y casi te abrazo. Ya perdonarás. Me pillaste con los dos brazos erguidos hacia ti y no supiste qué decir. "Se me duermen a veces", exclamé, antes de que pudieras abrir la boca, y salí a toda prisa en dirección contraria, intentando no mirarte, o hacerlo sin que me vieras.

  • Por un momento, olvidé que no eramos amigos y, casi le doy un sorbo a tu cerveza. Ya perdonarás. Me pillaste con la mano asiendo tu jarra y no supiste qué decir. "Tenía calor en la mano", exclamé, antes de que pudieras abrir la boca, y salí del bar a toda prisa, intentando no mirarte, pero queriendo saber si tú me mirabas.

  • Por un momento, olvidé que ya te había olvidado, y casi te digo que te quiero. Espero que me perdones. Me pillaste mirándote fíjamente a los ojos y no supiste qué decir. "Soy miope otra vez", exclamé, antes de que pudieras abrir la boca, y salí de tu vida a toda prisa, intentando no volver atrás, pero deseando que tu me siguieras.

  • Por un momento, algunas veces, todo me parece raro. Antes, eso era lo normal.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El guardián...

  • "Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras"

  • "No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se ha muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo"

  • J.D.Salinger ("El Guardián entre el centeno") (y yo)

martes, 2 de febrero de 2010

-nada-

  • Ni buenas noticias, ni malas.
  • Nada que recordar u olvidar.
  • Ni fu, ni fa.
  • Ni mucho ni poco.
  • Nada que abrazar, ni que perder.
  • Hoy ha sido un día -nada-, de esos que echaré de menos cuando llegué la cuenta atrás.
  • Ni muy largo, ni muy corto.
  • Un día, nada más.
  • Otra muesca en la pared.

lunes, 1 de febrero de 2010

POLAR

Conocí a una chica que siempre estaba de buen humor, eufórica más bien. Pasaba 15 o 20 días del verano cerca de su casa. Era la alegría de la huerta, y contagiaba, os lo aseguro. Lo mío no es nada comparado con ella. Era dinamita pura. Regresé a ese lugar en invierno y no pude verla. Estaba en cama. Deprimida. No quería ver ni hablar con nadie y tomaba una medicación muy fuerte, me dijeron sus familiares. Me fui de allí con el corazón encogido. Adoraba a esa chica, ella para mi significaba verano, vacaciones, risas, cuentos a medianoche, estrellas fugaces,... Meses después nos encontramos por casualidad fuera de aquel lugar de vacaciones. Tomamos un café y me contó qué le pasaba. Era bipolar. Pasaba largas temporadas sumida en una total felicidad, casi en éxtasis. Y otras, dentro del más negro de los pozos. Cuando tuvo diagnóstico y tratamiento, el médico le preguntó si no se había extrañado de que su felicidad fuera tan duradera. "Nadie es feliz las 24 horas al día" le apostilló. Mi amiga le dijo que pensaba que eso era lo normal. Ahora, con sus pastillas de por vida, se supone que siente y padece como todos los demás. Tiene ratos buenos y ratos malos, pero echa de menos eso de tener la sonrisa puesta porque sí. No entiende que no podamos nacer polares, en vez de bipolares o tripolares, que de todo hay. Sin sombras, sin malos momentos, sin inquietudes ni preocupaciones o de tenerlas, sin reacciones funestas, ella cree que podrían modelarnos con el don de afrontar la vida sin negatividad. Me pareció una buena petición.
Hace unos días recibí una postal suya. "Tengo la solución", decía "me voy a vivir al Polo Norte",... Supongo que era una de sus ideas locas de antes, aunque quién sabe si en unos meses me envía una foto rodeada de pingüinos.

domingo, 31 de enero de 2010

Paseante dominical (in kleenex est)

Pañuelos blancos para despedidas importantes. Primero se agitan al aire, como palomas. Después detienen su vuelo y se llenan de ojos. Pañuelos blancos para tardes de cine. Primero se aferran a las manos, para poner un The End plagado de ojos. Más y más pañuelos blancos podría traer a tu memoria. Los que limpian una mancha de nata en los labios, los que hacen de babero de ese niño precioso, los que tapan un pequeño corte en el dedo pulgar. Suaves, blandos, amables pañuelos,... Mis kleenex les envidian. No dejo de masacrarlos. Los arranco sin piedad de su paquete-escondite y los exprimo hasta que pierden la vida... Aún quedan dos que, atemorizados, me observan desde el final de la habitación. Saben que la noche es larga y mi estado febril me aboca a la locura. Poco importa que aún tenga algún prisionero en mis bolsillos. Esta madrugada, con toda seguridad, se in-kleen-(h)arán ante mí. Estos no pasarán a la historia porque solo los ganadores la escribimos. Aunque sé que ganar una batalla no es lo mismo que una guerra, de momento, solo pienso en sobrevivir...
Soldado Hache, 37º de fiebre, 4ª noche de toses y ansiedad mucolítica,... ¡Presente!

sábado, 30 de enero de 2010

Cenicienta in red

Debía darse prisa. Su madrastra y las dos medio hermanas-medio brujas llegarían enseguida.

Había pasado la mañana escribiendo cuentos de príncipes y princesas y no había fregado la escalera. Si se daban cuenta, volverían a encerrarla en los establos y no podía soportar el nauseabundo olor de aquellas caballerizas.

Empuñó la fregona (que ya estaba más que inventada) con fuerza y al tercer escalón, el palo se partió en dos. Ella no tenía un minuto que perder así que siguió fregando con el palo cercenado, pero tal era el miedo al castigo que no pudo dejar de llorar mientras lo hacía. El palo, de madera, había dejado astillas afiladas pero nuestra Cenicienta no se dejó amedrentar y siguió, escalón a escalón, arrastrando frenética el mocho. Eran más de cien los peldaños de aquella endiablada escalera. El ruido del mocho, el cubo y sus lágrimas le impidieron notar el dolor de sus muñecas, llenas de cortes y sangre.

Cuando la madrastra y sus hijas llegaron, encontraron el cuerpo de Cenicienta a los pies de la gran escalinata, y quedaron maravilladas al ver la escena. Los cien escalones brillaban con un color rojo intenso y la muchacha yacía a los pies de la escalera, rodeada de un halo rosáceo, como si fuera una princesa. Estaba tan bella en su desmayo que las tres arpías no pudieron ahogar sus gritos de rabia.

Alarmados por el estruendo llegaron al lugar el ama de llaves, la cocinera y un enviado del Príncipe azul, que al ver el destello rosado decidió avisar a su amo de que una verdadera princesa, por fin había "caído" en el Reino.

A veces, los cuentos de hadas vienen envueltos en sangre, sudor y lágrimas.

Bien lo sabe Cenicienta, que ha jurado volver a fregar de rodillas y dejarse de inventos modernos,... (por si el Príncipe le vuelve a salir rana)

viernes, 29 de enero de 2010

Castigada sin salir

Tengo una amiga nueva. La verdad es que me lleva unos cuantos años, vamos, pero apenas se nota. Nos reímos mucho juntas, tenemos ideas disparatadas y cada una es consciente de las limitaciones de la otra. Ella no puede mover bien el brazo izquierdo y yo nunca tengo demasiado tiempo, así que aprovechamos nuestros momentos al máximo. El otro día quería quedar con ella y darle una clase de conducir. Nunca lo había hecho y pensé que le gustaría. Cuando se lo conté, estaba la mar de ilusionada. No dejó de reírse. Pero cuando fui a buscarla me dijeron sus hijos que no podía salir. Que estaba castigada. Y cerraron la puerta. Poco después, recibí una llamada suya, la hacía a hurtadillas, desde el baño. Hablaba bajito para que sus hijos no la oyeran y se volvieran a enfadar. Le dijeron que con 80 años, ¿cómo pensaba en locuras como aprender a conducir? ¿Que si no era consciente de su edad? Le pedí perdón por meterla en un lío aunque mi intención no era ponerla en peligro en ningún momento. Un amigo de una autoescuela le iba a dar dos indicaciones y él llevaría el coche. Solo quería hacerla feliz. ¡Y yo que pensaba que al hacernos mayores somos libres para hacer lo que nos venga en gana! ¡Qué equivocada estaba! Le mando un beso a mi amiga, una jovenzana octogenaria sin parangón.
P.D. Vale. Sus hijos no se enteraron pero nos escapamos a conducir al día siguiente. ¡Se lo pasó pipa!

jueves, 28 de enero de 2010

Si hubiera dos tipos de personas,...

¡Nuevos grupos antagónicos llegan a este blog! Si solo hubiera dos clases de personas, a un lado estarían los que comen salchichón y a otro los partidarios del chorizo. He podido verificar que o eres de salchichón o de chorizo. No puede haber medias tintas. Otra clasificación recientemente confirmada es la de quiénes siempre desayunan en un bar y los que nunca lo harían. No me digáis por qué, pero así es. ¿Algún grupo más que queráis añadir a nuestra enciclopedia separatista?