domingo, 28 de junio de 2009

Paseante dominical (el sábado sin fin)

Llega hoy el paseante con demora. El domingo se le ha hecho breve. Le pilló vestidito de sábado y con luces de neon por pupilas. Consiguió mantener los ojos abiertos mientras galopaba en su negro corcel para unir las dos orillas del río. Que esa es su principal encomieda de día 7. Con la cabeza preocupantemente estática y las ideas conservadas en formol ha completado hora a hora este onírico domingo, que no dejó nunca de tener sabor de sábado...
Nadie devuelve los días que no usas, no puedes ir al cajero del lunes a rendir cuentas. Así que este minidía se despide, entre huérfano y olvidado, pero su paseante promete públicamente, pensar en él, mañana mismo. Lo recordará con forma de sofá y cabezada de siesta, aromado de paella y jardín en riego,... hasta oirá a algún grillo "aullando" a la canícula. En cambio, del sábado, ¿alguien puede decirme algo?... ¡Curioso! Los días más largos, no siempre son de solsticio...

1 comentario:

Nemes dijo...

Sales buscando nuevas cabezas que habitar, te encuentras remando entre una bruma de cloroformo dehabitada, viaje en círculos, mismos puntos, recuerdos que son sueños, espejos que deforman, humos que se enredan en lo hondo, bocas pastosas limpiando dientes. Cuerpos que se mueven en ritmos diferentes al son de la misma música, ojos mirillas mermados en alcoholes y mortadelas varias y todas, ausencia.
Con suerte tu cuerpo decapitado recorre otro cuerpo, isla finita en la que desapareces.
Volver al uno, habitar dos, o tres, o cinco. Volver a un escalextric en el que ojos empiezan a dilatarse, tropezar con islas que ya han quedado atrás.