martes, 24 de noviembre de 2009

Asesino en serie

Decidió caminar en línea recta, había una fila de baldosas de color beige que le aseguraban la trayectoria. Paseaba mirando distraído al suelo y a ratos, girando ligeramente la cabeza a la izquierda. Tenía el rictus relajado, y un ritmo normal. Ni muy rápido, ni muy lento. Aquella acera era muy ancha y él la recorría con placidez. Saboreaba cada uno de sus pasos. A aquella hora la calle estaba atestada. Se cruzó con una niña y su padre en bici, le adelantó un joven en chándal haciendo footing, le bordearon cuatro mujeres con carros de compra, que hablaban como loros, casi chocó con una señor que bajaba atolondrado del autobús,... Aquella acera era larga y él no tenía ninguna prisa. Tarde o temprano se repetiría la historia. Alguien le rozaría. Y ese alguien moriría. Un grupo de chicas corría hacia el autobús haciendo aspavientos para que no arrancase. La más joven se llama Eva y, hoy, va a morir... (¿continuará?)
La joven le dio un fuerte empujón y cuando paró a pedirle perdón, el asesino en serie, tocó su hombro y mirándola fíjamente le dijo: ¡Tú la llevas!

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