lunes, 7 de diciembre de 2009

Retrovisores rotos

La segunda vez que encontré roto mi retrovisor empecé a mascar la idea de que no había sido al azar. Quizá un gamberro se cebó con mi coche, quizá el destino quería que dejara de mirar hacia atrás. Se conduce mejor mirando siempre de frente, salvo cuando el parabrisas está agrietado y corre el riesgo de rajarse totalmente. Eso me pasó justo ayer. Tampoco fue la primera vez así que decidí tomar las cosas como vinieran. Tranquilidad, pensé. Tengo seguro. Llamo, pido cita y me cambiarán la luna. No pasa nada. Así es la vida. Siempre pasa algo desagradable, algo con lo que no se cuenta, pero el juego consiste en superarlo y seguir adelante. Me ha costado darme cuenta de que la vida te pone 101 obstáculos por el camino. Lo hace para ver cómo reaccionamos. Con quienes se agobian, se ceba. Así que nada de atormentarse con qué si todo me pasa a mí, tengo el gafe o soy muy desgraciada. Nada de eso. Simplemente, existimos. En esta carrera de vallas que es nuestra vida, no gana el que más salta, el campeón es quién más rápido se levanta después de caerse. ¿Preparados? ¡Listos! ¡Ya!

2 comentarios:

angel dijo...

No es que sea supersticioso (casi), pero estas cosas siempre pasan en fin de semana.
A propósito de los incidentes a destiempo, decía un amigo mío con un pelín de síndrome de Diógenes “no tires nada, que cuando te haga falta será domingo y estará todo cerrado”. Menos mal que ahora están los chinos para aliviar a los Diógenes de turno.
Paciencia que los lunes llegan enseguida... bueno éste no... ves lo que yo decía.

el niño imantado dijo...

en esta etapa de mi vida lo inteligente es no sufir, es un buen resumen para tu gran articulo. Eva, siempre nos quedará Eckart tolle.