viernes, 7 de octubre de 2011

Félix Romeo

Revisaba la prensa digital, El País, y lo leí en portada. Aún no había trascendido la noticia en Aragón. Decía que habías fallecido esta mañana. Grité. En la redacción de mi programa me hicieron leer otra vez el titular en voz alta. Todos te conocíamos. Habías sido nuestro tertuliano, el mejor. Siempre divertido, amable, certero, inteligente, sagaz, ocurrente... El mejor. Nadie lo creía. Informamos a tiempo a los Informativos. Diez minutos después la noticia ya aparecía en la pantalla. Y todos frotándonos los ojos. Tan joven, tan bueno, qué bien escribía, cuánto sabía,... Todos nos preguntamos, desde entonces, por qué. Estuve atontada todo el día, y el siguiente. Más de lo normal. Me acordé de nuestros escasos encuentros. Tú decías siempre ser mi admirador, por el juego de las adivinanzas de la radio. La toponimia, nimia de los domingos con Miguel Mena, en Radio Zaragoza. Decía ser mi fiel seguidor. Yo sí que te admiraba. Qué grande eras y eres, Félix Romeo. Y qué injusto saber que ya no puedo reencontrame contigo y hacer juegos de palabras, y reírnos y hablar de todo y de nada. Nunca te olvidaré, gran Félix.

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