martes, 8 de mayo de 2012

Cuentocontigo: Calcetín

Era un curso más pequeño que yo, y un zalamero. Cada mañana en el bus me decía tres o cuatro veces que estaba locamente enamorado de mí. Yo me reía y lo dejaba estar. Pero eran cinco días de clase por semana y dos trayectos de bus al día. Demasiados "estoy locamente enamorado de ti" para cualquiera. No habíamos cumplido aún los trece años, ¡él ni los doce! y aquello del amor ya se estaba pasando de castaño oscuro.

Para no herir sus 'supuestamente sinceros' sentimientos, ni tener que aguantar su mirada de besugo durante 40 minutos cada día, pactamos un código secreto. Cuando él me dijera 'calcetín' significaría que seguía enamoradísimo de mí. Solo él y yo lo sabríamos...

Durante los siguientes cursos, él me saludó cada mañana de lunes a viernes con un amable 'calcetín', y me despidió cada tarde con su mejor sonrísa y su mejor 'calcetín'...


Esa fue nuestra historia de amor. Nunca tuvo besos ni mariposas en el estómago, ni lágrimas, sin embargo nunca le faltaron un par de calcetines a estrenar cada día. Y en ocasiones, hasta dos pares. 

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