lunes, 9 de febrero de 2015

Querido Diario: Día 23

Acabo de recibir una nueva entrada del #Diario... ¡No me aguanto las ganas! Voy leyendo mientras camino por la acera, y ya he chocado con tres personas, ¡Perdone, señora, perdone...!

Día 23
¿Habéis pasado algún invierno en Zaragoza? Las rachas de un viento helado, que llaman 'cierzo' pueden arrancarte hasta las ideas. Pocos son los valientes que se atreven a salir de casa, pero  por suerte, mi pequeña nueva familia y yo estábamos fuera el pasado sábado. El fuego, avivado con el viento dejó poco que salvar en el pequeño piso de Chia Kang. Cuando tres horas después pudimos entrar, los bomberos nos hablaban de destrucción total. Ni ropa, ni documentos, ni enseres de cocina,... Tuve la precaución de guardar este diario y los pasaportes en una caja metálica, y eso los salvó. 



Pero aunque dimos largas a la policía científica y los bomberos, no podemos seguir con la mentira. El incendio no fue el típico accidente doméstico. Había tres focos diferentes potenciados por fuertes acelerantes. Los pirómanos iban claramente a acabar con nosotros. 

Tras debatirlo largo y tendido, mi madre y Ana han accedido a volver a casa. Ana y el niño vivirán en casa, en Canarias, y así podrán cuidarse mutuamente. En Zaragoza me quedo con Chia y seguimos luchando por encontrar al marido de Ana y a mi hermano. Así es más seguro y somos menos vulnerables.

La despedida en la estación del tren de Zaragoza que se llama Delicias fue muy triste, y el intenso frío aún la hizo más difícil. El pequeño Pedro, no dejaba de llamarme con su lengua de trapo, para que subiera también al tren, y mi madre no podía ni hablar por las lágrimas. Estarán bien ahora, a salvo. Chia y yo tenemos mucho que hacer...

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