Yo buscaba aparcamiento dando vueltas por las mismas calles y aquel señor, que caminaba como ido por el centro de la calzada aparecía una y otra vez. En la primera vuelta pensé que era un loco, después tuve miedo de él y cuando por fin vi que encontraba su coche y me ofrecía aparcar el mío en su hueco, me alegré muchísimo. Por él y por mí.
Me dijo aliviado que no recordaba dónde lo había aparcado el día anterior, que llevaba más de una hora buscando por el barrio y que ahora ya podía irse por fin a casa.
Su historia me ha vuelto a perseguir hoy, cuando olvido qué voy a decir o qué comí ayer. Olvidos siempre pequeños, cuando lo que querrías olvidar siempre es demasiado grande
No hay comentarios:
Publicar un comentario