Estoy muerta de miedo. Acurrucada en un rincón de la habitación. Llevo así varias horas. Solo me he atrevido a moverme para escribir esto, con la esperanza de que al leerlo, no sea tan terrorífico o de que puedas ayudarme a comprender.
El episodio más horrible que jamás he vivido ocurrió hace unos días pero ha sido esta mañana cuando la fatídica realidad me ha rajado el cerebelo en dos partes iguales. Extrañamente simétricas. Una se parece a mí, la otra a él, y ambas ¡son idénticas!
Todo comenzó la penúltima vez que alguien me rompió el corazón. No fue un golpe seco. Hubo de dar tres estocadas para partirlo porque el bombeador estaba duro y no cedía a la presión. Uno de los mazazos, quizá el primero, vino en forma de carta. Un avión de papel con letras envenenadas pero de perfecta caligrafía en el que "mi asesino de corazones" usaba las palabras como dardos... o mejor sogas. Me rodeó con ellas y apretó, y apretó... Fue curioso. Mientras tiraba de las cuerdas, yo creía que tiraba de mí hacia él. Que me acercaba al máximo a su vida... En su misiva mortal, primera parte, usó varios códigos que yo pensaba que habían desaparecido tras el derrumbe cardiológico... Vocablos, letras unidas cuyo significado es muerte. Eso, lo supe después.
La penúltima vez que rompí el corazón de alguien fui más sutil que mi maestro. Bien es cierto que lo hice sin querer, pero lo hice, no pienso rechazar mi culpa. Me puse guantes y canté un canción de sirena. No usé sogas, ni venenos. Solo palabras malditas. Salieron de mis manos con fuerza, dejaron el teclado ardiendo. Hiel, medio yo, hacerte daño, no te merezco,... Una a una, se encadenaron en la pantalla del ordenador; una a una, verdaderas; una a una pasando a otra persona,...
Tras soltar las pesadas amarras del desamor, me siento fatal. Me duele incluso el "mediocorazón" ausente. En el hueco que ha dejado, hay un hematoma nuevo.
Estoy al borde de la esquizofrenía porque no sé si sigo siendo víctima o he pasado a ser asesina.
Mientras no se encuentre el cadáver dicen los expertos que no hay caso. Pero soy una criminal. Quizá me entregue de todas formas en la primera comisaría que encuentre. Soy un peligro público, no quiero romper el corazón de nadie nunca más. No quiero ser como él.