Mi amiga Lucía cuando llega a casa después de toda una noche de fiesta se prepara unos bocatas de metro y medio. A menudo hay suerte y son de jamón con tomate, o de queso y jamón york. Pero otras, los efectos de la noche hacen estragos y se zampa bocadillos de sardinas y mermelada, croquetas con pimientos verdes y yogur, o morcilla con nocilla. Mi amiga Luisa, en cambio, cuando llega a casa con los primeros rayos de sol de domingo queda literalmente dormida nada más cerrar la puerta de casa -una vez ni pudo traspasar el umbral, acabo roncando, llave en mano, sobre su alfombra de "Bienvenido a la república independiente de tu casa"-. Pero lo habitual es que caiga a peso muerto en el sofá. Vestida y retorcida. Mi amiga Ana es la más normalita. Llega hasta el dormitorio, se pone el pijama, se mete en la cama y hasta pone el despertador. Incluso se toma un ibuprofeno antes de dormir, para que la resaca sea menor, dice. Y luego estoy yo. Que soy un peligro público. Una sonámbula de Internet. Por lo visto, -porque me entero después- antes de dormir, enciendo el ordenador y escribo. No solo actualizo el blog, también envío correos electrónicos. ¿Aún no te ha pasado? Ve con cuidado. Es una lotería. Te puede pasar a ti. Y claro, este domingo lo he vuelto a hacer. Al menos eso dice mi bandeja de "elementos enviados". Y aquí me tenéis como una pánfila alucinando en colores conmigo. Como ya no se puede deshacer, os pido perdón, sinceramente. Lo hago sin darme cuenta. ¡Que me aten las manos con cinta aislante cuando vuelvo a casa los domingos temprano! ¡Que me detengan!
P.D.: Y vosotros, ¿qué? ¿Sois de almorzar, dormir en cualquier parte o de sonambulismo?