
Lleva tres días sin parar. De acá para allá con maletas, cajas, bolsas,...
Además del cansancio físico, ha tenido que librar una dura batalla con las emociones. Dejar su casa, su preciosa habitación, no ha sido fácil. En ella ha soñado mucho, ha llorado, ha reído, ha oído miles de canciones, y ha pasado horas mirando por su ventana. Pero su esfuerzo, casi via crucis, tendrá premio. Encontrará una nueva ventana con patio y tejados por la que mirar. Y antes, se dará un garbeo por París, porque sí, porque ella lo vale. Ahora, dejémosla soñar. Su póster se ha caido de la pared pero duerme apaciblemente. Parece tierna e inocente pero no os fieis, ¡ya estará maquinando algo!