viernes, 1 de abril de 2011

Clases de nudos

Ahora mismo tengo un nudo en el estómago. Es como si intentaran replegarlo desde dentro, estiraran y le hicieran cien dobleces hasta convertirlo en cáscara de avellana. No puedes comer, ni siquiera pensar en otra cosa. Está agarrado a tu tripa. Y se quiere quedar ahí a vivir.

También soy gran experta del nudo en el centro del pecho. Es mi okupa favorito. Toda una bota militar del 47 clavada en tu esternón. Intentas respirar hondo, aún más hondo, pero el placaje es demasiado fuerte. Ese nudo une tu parte de delante con la espalda. Y de qué manera. Ese nudo puede apretarse hasta dejarte sin aire, y te obliga a boquear como pez fuera del agua.

Nudo en la garganta, ¡qué gran clásico! Ese es menos doloroso, pero te inutiliza para la vida. Te deja gritando en silencio, te conmina al vacío hermético. Solo se libera cuando la emoción termina desbordando de lágrimas los ojos y lo inunda de mocos. Sí, es peor aún el remedio que el nudo.

En días como hoy se busca marinero experto que deshaga nudos. Se recompensará.

1 comentario:

Miguelito dijo...

En ocasiones también tengo nudos que me impiden respirar con normalidad. Entonces recuerdo a Alejandro Magno y al nudo gordiano.