lunes, 26 de septiembre de 2011

Espejo

No me gusto, la verdad. Ni mi nariz es la que yo hubiera elegido, ni esas caderas anchas, ni los muslos grandes, ni toda la pierna en su conjunto. Tengo los omoplatos demasiado afuera y esas orejas, mejor ni nombrarlas. No. En el espejo no me lanzo besos. Pero este cuerpo me ha salido bueno. El corazón late perfecto, los riñones, como recién estrenados. Oigo de maravilla y de vista, no me quejo. La altura, estandard, ni alta ni baja. Buen color de piel. Voz agradable. Manos suaves. Ombligo para adentro. Alguien me dijo una vez que mis omoplatos eran el nacimiento de dos alas de ángel, y mi nariz, la de una persona de confianza. Y, ¿sabéis qué? Que mirándome otra vez, en conjunto, ¡no me cambio por nadie!..

1 comentario:

angel dijo...

Nosotros no nos cambiamos, lo malo es cuando nos cambian por otr@